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García Márquez y Castro, una amistad íntima y controversial


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion/Agencias

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Amigo íntimo de Fidel Castro, Gabriel García Márquez era “un hombre con bondad de niño y talento cósmico”, según el líder de la revolución cubana que lo ha evocado como “un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla”.

Los dos hombres -el cubano es siete meses mayor- se conocieron en los primeros días de la revolución, en enero de 1959, cuando Gabo llegó a la isla como periodista a cubrir la llegada al poder de los guerrilleros “barbudos” que comandaba Castro.

Siguieron decenios de amistad, con algunos desacuerdos entre dos hombres a quienes les gustaba tacharse mutuamente de “desmesurados” y “exagerados”.

Crítico de las dictaduras y los regímenes autoritarios de derecha de América Latina, García Márquez permaneció siempre fiel a esa amistad con Fidel Castro, incluso a veces a riesgo de ser criticado.

El escritor cubano Reinaldo Arenas lo había atacado fuertemente en sus memorias (Antes de que anochezca) denunciando su presencia junto a Fidel Castro durante algunos de sus más encendidos discursos contra los anticastristas.

Su ex amigo y también Premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa, lo calificó de “cortesano” por guardar silencio durante la “primavera negra” de 2003, cuando 75 opositores cubanos fueron condenados a severas penas de cárcel. “Nuestra amistad fue fruto de una relación cultivada durante muchos años en que el número de conversaciones, siempre para mí amenas, sumaron centenares”, relató Castro en 2008 cuando recibió a Gabo y su esposa Mercedes, dos años después de la crisis de salud que lo llevó a dejar el poder en 2006.

García Márquez, quien fijaría largo tiempo su domicilio en La Habana, participó en 1959 en la formación de la agencia cubana Prensa Latina y en 1986 en la creación de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, 30 kilómetros al suroeste de La Habana, que ha formado a generaciones de cineastas.

Visitas nocturnas

Gabo, quien recibía en su hogar de La Habana frecuentes visitas nocturnas de Fidel, destacaba a su vez “su devoción por las palabras, su poder de seducción”. “Fatigado de conversar, descansa conversando”, escribió sobre el líder cubano.

Una de esas noches, contó el escritor colombiano en 1988, le preguntó qué era lo que más le gustaría hacer en el mundo. “Pararme en una esquina”, le respondió inmediatamente un Castro agobiado por las responsabilidades y más aislado que nunca en la cima del poder.

Su historia común pudo haber comenzado en Colombia en abril de 1948: al día siguiente del asesinato del político liberal Jorge Eliécer Gaitán, Fidel Castro y Gabriel García Márquez, ambos de 21 años, participaron en la revuelta que pasó a la historia con el nombre de “El Bogotazo”. “Ninguno tenía noticias del otro. No nos conocía nadie, ni siquiera nosotros mismos”, recordó Castro en un artículo publicado en 2002 con ocasión del lanzamiento del libro Vivir para contarla del Premio Nobel de Literatura.

Siempre fiel defensor de la revolución cubana, García Márquez sirvió de emisario especial del “Líder máximo” ante el presidente estadunidense Bill Clinton.

En 1994 participó en la solución de la crisis de los “balseros”, cuando millares de cubanos agobiados por las penurias económicas se lanzaron al mar en precarias embarcaciones para alcanzar la costa de Estados Unidos, que culminó con un acuerdo migratorio entre La Habana y Washington.

En 1997, Gabo llevó a Bill Clinton -quien le había contado que Cien años de soledad era su novela favorita- un mensaje de Fidel Castro en el que proponía a Estados Unidos cooperación en la lucha contra el terrorismo.

La cooperación cubano-estadunidense fue efímera. Washington sacó provecho de las informaciones transmitidas por los cubanos sobre planes de anticastristas contra la isla y arrestó en septiembre de 1998 a los agentes de una red cubana que operaba clandestinamente en Florida.

Los amigos de Gabo

García Márquez fue amigo de escritores como Mario Vargas Llosa, Alvaro Mutis, Carlos Fuentes, Julio Cortázar y Pablo Neruda y también del director español Luis Buñuel.

Pero ninguna amistad lo marcó tanto como la que cultivó durante medio siglo con Fidel Castro. Eran tan cercanos que, dicen, García Márquez mandaba los borradores de sus novelas a Castro para que los leyera antes de publicarlos.

Cuando ganó el Premio Nobel, el líder cubano le mandó mil 500 botellas de ron a Estocolmo. Hasta hace algunos años, Gabo tenía una casa en la Marina Hemingway del oeste de La Habana.

Y su amistad le costó críticas de colegas desencantados por censura a los intelectuales cubanos. El peruano Vargas Llosa, un compañero de la generación del boom que ganó también el Nobel de Literatura, llegó a describirlo como un “cortesano de Castro”.

“Soy amigo de Fidel y no soy enemigo de la revolución. Eso es todo”, dijo en una oportunidad García Márquez, según relata el libro Gabo y Fidel.

Su salud empezó a flaquear en 1999, cuando fue tratado de un cáncer linfático. En 2012 sus familiares explicaron que tenía problemas de memoria y había dejado de escribir.

García Márquez fue hospitalizado a fines marzo debido a una infección pulmonar. Y cuando le dieron de alta la semana pasada, los médicos advirtieron que su salud era delicada.

Casado desde hace cinco décadas y media con Mercedes Barcha, García Márquez tuvo dos hijos. El mayor, Rodrigo, dirigió varias películas de Hollywood como Nine Lives y Albert Nobbs.

En los últimos años regresaba de vez en cuando a Colombia, aunque para refugiarse en su residencia en la ciudad colonial de Cartagena de Indias.

Gabo apareció por última vez en público en la puerta de su casa de Ciudad de México el 6 de marzo, el día de su cumpleaños 87. No dijo ni una palabra, apenas regaló una sonrisa cansada a los periodistas que le cantaron las Mañanitas. En la solapa del traje llevaba una rosa amarilla.

La última aparición pública de García Márquez al cumplir 87 años


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion

El escritor colombiano Gabriel García Márquez celebró el pasado 6 de marzo su 87 cumpleaños en su residencia de la capital mexicana.

En la que fue su última aparición pública, el nobel de Literatura se asomó a la puerta de su domicilio para atender a los seguidores, vecinos y periodistas allí congregados, que le cantaron las Mañanitas (canción de cumpleaños típica de México) y lo celebraron con flores y pasteles.

El autor, que no hizo declaraciones, escuchó sonriente las felicitaciones con un ramo de rosas amarillas entre las manos y aplaudió al finalizar la canción.

Archivo

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El discurso de Gabriel García Márquez al recibir el Nobel de Literatura en 1982


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion/Agencias

Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonio más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros, y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana encargada de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santa Anna, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general Gabriel García Morena gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetu que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéros sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. Ha habido 5 guerras y 17 golpes de Estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto, 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi 120 mil, que es como si hoy no se supiera donde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres encintas fueron arrestadas y dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 12 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el pais más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América Latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar, que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construirse su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de la incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aun en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa como soldados de fortuna. Aun en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos hará sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental. No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: “Me niego a admitir el fin del hombre”. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Discurso del escritor, el 8 de diciembre de 1982, al recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, Suecia, que reproducimos en ocasión del trigésimo aniversario de esa histórica entrega.

‘La terrífica historia de un ojo morado’, un anécdota histórica de la literatura


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion/Con informacion: Lajornada/Por:Rodrigo Moya

EL DÍA EN QUE VARGAS LLOSA LE PEGÓ A ‘GABO’

Agencias

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Tal vez Gabriel García Márquez sea el más popular de los mortales, porque es asombrosa la cantidad de gente que en una reunión o fiesta cualquiera se refiere al escritor como “el Gabo”, como si lo conociera de toda la vida o fueran primos hermanos del premio Nobel. Algunos hasta hablan de él como “el Gabito”, pero en más de una ocasión he descubierto a ciencia cierta que dicha familiaridad es ficticia, y que quienes lo tratan con tal confianza quizás lo han leído de cabo a rabo, pero nunca han cruzado una palabra con él.

Mi madre, Alicia Moreno de Moya, sí que podía referirse a Gabriel García Márquez y a Mercedes Barcha, su esposa, como amigos muy cercanos, y referirse a él como mi Gabito o Gabo de mi alma, y a Mercedes como Meche linda, o mijita linda, y en medio de cualquier diálogo soltar un ¡eh Ave María!, o unos más contundentes carajos y varios pendejos, que a veces eran de cariño, y a veces simplemente una especie de sustantivo o calificativo de difusas connotaciones.

Y es que Alicia era una colombiana de Medellín, una antioqueña de pura cepa, una auténtica paisa, como la definía el propio García Márquez. Él y Mercedes la querían como una de los mejores representantes de la colombianidad en México, por allá a principios de los años 60 del siglo pasado, cuando lo conocí en aquella casa de mi madre que era una especie de embajada paralela de Colombia en México, cuando la oficial estaba ocupada por los militares de la dictadura en turno.

En alguna de aquellas fiestas de intelectuales y artistas de destinos aún inciertos, el tal Gabo no me cayó muy bien que digamos. En plena reunión él se tendió en uno de los largos sofás, la cabeza apoyada en el brazo acodado, y desde esa posición como de marajá aburrido sostenía escuetos diálogos, o emitía juicios contundentes o frases entre ingeniosas y sarcásticas. Estaban aún lejos Cien años de soledad y el premio Nobel, pero el paisano de mi madre se comportaba ya con una seguridad y cierta arrogancia intelectual que no a todos agradaba. Poco después leí La hojarasca, y luego Relato de un náufrago, y El coronel no tiene quien le escriba, y todo lo que escribiría a lo largo de los siguientes casi 50 años, y entendí entonces porqué aquel tipo de bigote y gestos como de fastidio y pocas pero contundentes palabras como de frases célebres, podía recostarse en el sofá en medio de una ruidosa tertulia y decir lo que le viniera en gana.

Por aquellas tertulias en la casa materna fue que tuve cercanía amistosa con García Márquez, con Mercedes y sus hijos adolescentes, Rodrigo y Gonzalo. Yo sí tenía el derecho de llamarlo Gabo, pero nunca llegué a llamarlo Gabito, pues de alguna manera lo he visto como un gigante al que no le van los diminutivos. Siendo fotógrafo y amigo, no le pedí alguna vez que posara para mí, y cuantas veces los visité en su casa fue sin la cámara en el hombro. Ahora tal vez me arrepiento.

Por eso, fue natural que el 29 de noviembre de 1966 el Gabo apareciera por mi apartamento en los Edificios Condesa para que le tomara algunas fotografías para ilustrar la solapa o la contraportada del libro que había terminado después de dos años de trabajo, y estaba ya en manos de los editores. Llegó acompañado de nuestro mutuo amigo Guillermo Angulo, quien había sido mi maestro, pero en esos años trabajaba como cónsul de Colombia en Estados Unidos. El saco que había escogido Gabo para aquella sesión era despampanante, y estuve tentado de sugerirle mejor una foto en camisa arremangada o prestarle una de mis chamarras, pero usaba la prenda con tal naturalidad que adiviné que la amaba y así las fotos se hicieron a su manera. La foto era para Cien años de soledad, cuya edición se preparaba en Buenos Aires. Pero nadie sabía, quizás ni él mismo, lo que ese título significaría en la historia de la literatura.

Casi 10 años después, el 14 de febrero de 1976, Gabriel García Márquez volvió a tocar el timbre de mi casa, ya por distintos rumbos, en la colonia Nápoles, para que le tomara otras fotografías. Esa vez lo notable no era el saco de cuadritos, sino el tremendo hematoma en el ojo izquierdo y una herida en la nariz, causada por el puñetazo que dos días antes le había propinado su colega y hasta ese momento gran amigo Mario Vargas Llosa.

El Gabo quería una constancia de aquella agresión, y yo era el fotógrafo amigo y de confianza para perpetuarla. Claro que pregunté azorado qué había pasado, y claro también que Gabo fue evasivo y atribuyó la agresión a las diferencias que ya eran insalvables en la medida que el autor de La guerra del fin del mundo se sumaba a ritmo acelerado al pensamiento de derecha, mientras que el escritor que 10 años después recibiría el premio Nobel, seguía fiel a las causas de la izquierda. Su esposa Mercedes Barcha, quien lo acompañaba en aquella ocasión luciendo enormes lentes ahumados, como si fuera ella quien hubiera sufrido el derechazo, fue menos lacónica y comentó con enojo la brutal agresión, y la describió a grandes rasgos: En una exhibición privada de cine, García Márquez se encontró poco antes del inicio del filme con el escritor peruano. Se dirigió a él con los brazos abierto para el abrazo. ¡Mario…! Fue lo único que alcanzó a decir al saludarlo, porque Vargas Llosa lo recibió con un golpe seco que lo tiró sobre la alfombra con el rostro bañado en sangre. Con una fuerte hemorragia, el ojo cerrado y en estado de shock, Mercedes y amigos del Gabo lo condujeron a su casa en el Pedregal. Se trataba de evitar cualquier escándalo, y el internamiento hospitalario no habría pasado desapercibido. Mercedes me describió el tratamiento de bisteces sobre el ojo, que le había aplicado toda la noche a su vapuleado esposo para absorber la hemorragia. Es que Mario es un celoso estúpido, repitió Mercedes varias veces cuando la sesión fotográfica había devenido charla o chisme.

Según los comentarios que recuerdo de aquella mañana, mientras ambas parejas vivían en París los García Márquez habían tratado de mediar los disturbios conyugales entre Vargas Llosa y su esposa Patricia, acogiendo sus confidencias. Como suele suceder, los consejos o comentarios de la pareja colombiana rebotaron hacia Vargas Llosa cuando éste volvió al redil y se reconcilió con su esposa. Y lo que sea que se hubiese dicho o sucedido, el caso es que el peruano se sentía gravemente ofendido, y su furia la resolvió de aquella manera expedita y salvaje. Guarda las fotos y mándame unas copias, me dijo el Gabo antes de irse. Las guardé 30 años, y ahora que él cumple 80 años, y 40 la primera edición de Cien años de soledad, considero correcta la publicación de este comentario sobre el terrífico encuentro entre dos grandes escritores, uno de izquierda, y otro de contundentes derechazos.

* Rodrigo Moya nació en Colombia en 1935 y se naturalizó mexicano. Es uno de los fotógrafos más importantes en la historia contemporánea. Entre su trabajo destaca la documentación de los movimientos guerrilleros, incluido un libro con material hasta aquel entonces inédito de fotografías del Che Guevara, y su colaboración con Salvador Novo en trabajos de crónica urbana

(TEXTO PUBLICADO ORIGINALMENTE EN LA JORNADA EL 6 DE MARZO DEL 2007)

La literatura que se alimentaba de la ‘pasión insaciable’ de un reportero excepcional


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion/Con informacion: Agencias

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CIUDAD DE MÉXICO.- Escritor de cuentos, novelas, guiones y hasta boleros frustrados, Gabriel García Márquez viajó siempre acompañado por su instinto de periodista de raza, con el lapicero a mano y la capacidad de observación de un lince.

Aunque parezca de fábula, el universo que evocó el escritor colombiano era real. Cada historia y cada vivencia pasaban por el tamiz de su ojo de periodista porque estaba convencido de que “la crónica es la novela de la realidad”.

El idilio del genio colombiano con la literatura y el periodismo nació casi al mismo tiempo, cuando apenas iniciaba su formación en Bogotá, lejos de su tierra caribeña y en una ciudad gris que marcó sus primeros pasos con el “Bogotazo”, como se conocen los disturbios que derivaron del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.

Alrededor de ese hecho histórico comenzó su carrera con los primeros cuentos publicados en prensa. “La tercera resignación” abrió la veda en El Espectador en 1948, y luego como reportero siguió buscando la comunión entre la literatura y el periodismo en dos ciudades de su Caribe natal: Cartagena y Barranquilla.

En el mismo diario bogotano publicaría en 1955 en 14 entregas un reportaje emblemático: “Relato de un náufrago”.

En ese entonces el futuro Premio Nobel de Literatura de 1982 era apodado “Trapo loco”, vestía coloridas camisas y dormía en pensiones de mala muerte con los bajos salarios que recibía en El Universal de Cartagena y El Heraldo de Barranquilla, pero nunca faltaron libros que leer ni botellas de ron blanco que apurar con sus amigos intelectuales.

En esos prolíficos años devoró a William Faulkner, Ernest Hemingway, Virginia Woolf y a John Dos Passos, forjó una afición enfermiza por el cine, conoció a su íntimo amigo y compatriota Álvaro Mutis, y además formó parte del “Grupo de Barranquilla”, que por poco no llegó a ser generación literaria.

No sería esa primera vez en que el “hijo del telegrafista” se sacrificaba por el periodismo, pues la penuria marcó su etapa como corresponsal en Europa, cuando con una libreta recorrió el continente en plena Guerra Fría y en una buhardilla de París aromatizada por coliflor cocida trataba de vender sus reportajes.

Su manejo de ese “género estrella” fue reconocido por su colega polaco Ryszard Kapucinski, toda una autoridad, quien afirmó que “su gran mérito (de García Márquez) consiste en demostrar que el gran reportaje es también gran literatura”.

Después de desmontar el socialismo real en la serie de reportajes “Noventa días en la cortina de hierro”, que publicó la revista colombiana Cromos, uno de sus amigos de la época parisina, su compatriota Plinio Apuleyo Mendoza, le rescató y se lo llevó a escribir a Caracas para las revistas venezolanas “Momento”, “Elite” y “Venezuela Gráfica”.

En medio de ese retorno al Caribe viajó a La Habana con Mendoza para conocer de primera mano el efecto de la recién estrenada revolución de Fidel Castro, lo que le abrió las puertas como corresponsal de la agencia cubana Prensa Latina en Bogotá y Nueva York, un periodo que concluyó en medio de las tensiones por la invasión de Bahía de Cochinos.

Entonces decidió buscar a Mutis en México, y acompañado por su familia y enormes fajos de manuscritos de sus grandes novelas inició un camino errante a través de los Estados Unidos de Faulkner que acabó en la floreciente Ciudad de México, donde quiso probar suerte en el cine, pero tuvo que recurrir al periodismo para sobrevivir hasta que llegó su hora de oro literaria con “Cien años de soledad”.

Y sin firmar, dirigió durante dos años las revistas “La familia” y “Sucesos para todos”, el inicio de sus aventuras editoriales que después, ya convertido en una figura de la literatura, le llevarían en 1974 a crear la publicación de izquierda Alternativa, con Enrique Santos, hermano del actual presidente de Colombia.

Aunque ese proyecto murió pronto, García Márquez no cejó en su empeño y en 1998 compró la revista Cambio, que vendería en 2006 a la Casa Editorial El Tiempo.

Como lo afirmara en la asamblea anual de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) de 1996, “el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad”.

Para esa época ya había puesto en marcha en Cartagena su proyecto docente alrededor de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) para “inventar otra vez el viejo modo” de aprender el oficio sin grabadoras ni comillas pero con ética y compromiso social, como fue su obra.

En los últimos años han surgido homenajes a la figura de periodista del Nobel, como la antología de textos “Gabo, periodista” o la creación en 2013 de los “Premios Gabriel García Márquez” otorgados por la FNPI en un intento por rescatar a la profesión.

García Márquez nunca se trepó a la cima de la fama ni se quitó la camisa de reportero.

Lo demostró en uno de sus últimos ingresos a un hospital en México cuando, al ver un tumulto de medios a las puertas de la clínica, exclamó: “Están locos, qué hacen allá afuera (los periodistas). Que se vayan a trabajar, a hacer algo de provecho”, reivindicando una vez más su filosofía: “el periodismo es el mejor oficio del mundo”.

Fallece el gran Gabriel García Márquez a los 87 años y el mundo está de luto por el Premio Nobel colombiano


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion/Con informacion de: Agencias

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MÉXICO.- El premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez falleció la tarde de este jueves en el Distrito Federal a los 87 años.

El pasado tres de abril, el escritor colombiano fue internado en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán” por un cuadro de deshidratación y un proceso infeccioso pulmonar y de vías urinarias.

El martes pasado, en un comunicado, los familiares del novelista reportaron que “Su condición es estable, aunque se encuentra muy frágil y existen riesgos de complicaciones de acuerdo a su edad”. Pidieron “que se respete su intimidad”.

A la par, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, desmintió versiones que reportaban que García Márquez sufría cáncer.

Apenas el pasado seis de marzo, el autor celebró en su casa su cumpleaños número 87, cuando salió a recibir a periodistas y seguidores, quienes le cantaron las mañanitas.

Gabriel García Márquez nació el 6 de marzo de 1927 en Aracata, Colombia. Fue novelista, cuentista, periodista y guionista. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura. Entre sus obras más destacadas se encuentran: Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada, La Hojarasca y Relato de un náufrago.

BlczQNLCUAAzGks.jpg largeGARCÍA MÁRQUEZ, UNA SEMBLANZA MÍNIMA

puso fin a la mayor de sus historias, la que condensa su faceta de agudo periodista, que hizo del relato su mejor herramienta; el laureado novelista que dejó entrañables personajes de y para el imaginario latinoamericano, pero también la del entrañable ser humano, con el don de hacer buenos amigos.

Gabriel García Márquez nació el 6 de marzo de 1927, en Aracataca, Colombia, una aldea perdida en el Caribe colombiano que, se ha dicho, “renace una y mil veces bajo el nombre de Macondo gracias a la extraordinaria capacidad fabuladora de su creador”.

Allí creció al lado de sus abuelos maternos, quienes influyeron en su futuro literario con sus historias, fábulas y leyendas, creando un mundo que lo formó y en el que acaso siempre vivió.

Su primer acercamiento a las letras lo tuvo al encontrar un libro viejo y maltrecho de “Las mil y una noches”, comenzando así una intensa y prolífica relación con la literatura, que pareció abandonar en 2004, cuando fue publicado el libro “Memorias de mis putas tristes”, y cuando él mismo decía ya no escribir porque al parecer ya no se concentraba lo suficiente.

Según sus biógrafos, sus primeros estudios los hizo en el Colegio Montessori de Aracataca, también fue interno del Colegio San José en Barranquilla y del Liceo Nacional de Zipaquirá, época en la que comenzó a escribir sonetos y poemas.

Luego estudió Derecho, pero la publicación de algunos de sus cuentos en diarios colombianos lo llevaron a decidirse por el periodismo primero y por la literatura después; actividades que le valieron grandes reconocimientos y una presencia universal en las letras de habla hispana.

Allá por el año de 1955, García Márquez fue corresponsal del diario “El espectador”; luego estaría en Ginebra, París, Roma, Checoslovaquia, Polonia, Rusia y Ucrania, al tiempo que escribía “El coronel no tiene quien le escriba”.

Cuentan que en París, Francia, tuvo que recoger botellas, revistas y periódicos para ganarse unos cuantos francos que le permitieran subsistir.

De acuerdo con una biografía publicada por la BBC, en ocasión de alguno de sus aniversarios, tras su paso por Europa, García Márquez radicó un tiempo en Caracas, Venezuela; se casó con su novia Mercedes Barcha y en Bogotá contribuyó en la formación de la agencia cubana Prensa Latina.

También se iría a vivir a Nueva York y finalmente a México, país que lo acogió como suyo y al que el “Gabo” adoptó como su segunda patria. Se dice que fue aquí donde escribió “Cien años de soledad” (1967), considerada su obra maestra, pasaporte al Nobel y a la universalidad.

Sobre su obra, el propio literato llegó a declarar que el parteaguas de su carrera fue la revista “Mito”, bajo la dirección de Jorge Gaitán Durán (1924-1962), en la que publicó un capítulo de “La hojarasca”, el “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo” (1955) y “El coronel no tiene quien le escriba” (1961).

En esa época, desarrolló a la par trabajo periodístico y literario, entre el cual se cuentan una recopilación de artículos periodísticos: “Textos costeños” (1981) y “Entre cachacos” (1983), y reportajes novelados como “Relato de un náufrago” (1970) y “Noticia de un secuestro” (1996).

García Márquez también expresó su gusto por el cine, como guionista de varias películas, entre las más recordadas figuran, “El gallo de oro” (1963-64), basado en el cuento homónimo de Juan Rulfo (1918-1986), trabajo que realizó al lado de Carlos Fuentes (1928-2012), y gracias al cual entabló una estrecha amistad con el autor de “La región más transparente”.

La consagración como escritor de García Márquez se dio con la publicación de “Cien años de soledad”, una de las novelas más importantes de la literatura universal del siglo XX, la más leída y admirada de su colección.

Esta obra provocó, en palabras de Mario Vargas Llosa, “un terremoto literario en América Latina. La crítica reconoció en ella una obra maestra y el público refren¬dó este juicio agotando desde entonces, sistemáticamente, las reediciones, que, en algún momento, alcanzaron el ritmo asom¬broso de una por semana”, da cuenta un texto publicado en la página web “literatura.us”.

Para el escritor y crítico literario Gerald Martin, esta pieza “es un punto de referencia para casi todo el mundo; una novela sobre el desarrollo, sobre el cambio, sobre la conversión de las tecnologías rudimentarias”, cita el portal “nci.tv”.

En el prólogo de la biografía “Gabriel García Márquez, una vida”, Martin agrega que éste, no sólo es un libro mágico, sino que además plantea una transacción permanente entre un mundo tradicional y un mundo moderno, presente en la América Latina actual.

Por eso, para el periodista colombiano Santiago Gamboa, García Márquez “es un colombiano que, con su talento literario, convirtió un rincón del mundo en un territorio universal, que hoy le pertenece a todos los lectores del planeta, a los de hoy y a los que vendrán”.

A partir del lanzamiento de “Cien años de soledad”, Gabo, como es conocido por sus colegas, ejerció una gran influencia en la literatura de habla hispana; escritores como los colombianos Mario Mendoza, Jorge Franco y Juan Gabriel Vásquez reconocen que el trabajo del literato repercutió en su vocación, pues aprendieron de él a trabajar duro, con voluntad, dedicación y amor por la literatura, según ha publicado el portal “elcolombiano.com”.

“’Cien años de soledad’ es uno de los libros que me vienen a la mente cuando pienso por qué decidí dedicarme a escribir. Y eso no es poco”, ha dicho Gabriel Vásquez.

Para la década de 1970, García Márquez publicó diversas obras también celebradas, como el libro de cuentos “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada” (1972) y la novela “El otoño del patriarca” (1975), que aborda el tema de la dictadura.

Posteriormente, se dieron a conocer “Crónica de una muerte anunciada” (1981), “El amor en los tiempos del cólera” (1985), la crónica política “La aventura de Miguel Littin” (1986) y “El general en su laberinto” (1989).

Con sus obras, el escritor grabó en la historia de la literatura y del ser humano imágenes imborrables, como señaló Óscar Pantoja, guionista de la novela gráfica “Gabo, memorias de una vida mágica”, para el sitio “tiempo.infonews.com”.

La calidad de sus libros y su memorable trayectoria le valieron reconocimientos como el Premio Nacional de Literatura en Colombia, en 1965; el Internacional de Novela “Rómulo Gallegos” (1972), y desde luego el Nobel de Literatura 1982.

Sobre este acontecimiento Juan Rulfo opinó que por primera vez en muchos años se había dado un premio de literatura justo.

Después de este galardón, García Márquez se posicionó como figura rectora de la cultura nacional, latinoamericana y mundial.

En 1994 crea la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), que hoy preside Jaime Abello. Allí ofrece talleres de periodismo como en su momento ofreció los de cine en La Habana.

De él y su obra se ha escrito casi tanto como él publicó, uno de los libros más interesantes es “Gabo, Periodista”, una coedición del Conaculta, la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano y el Fondo de Cultura Económica (FCE), que reúne lo mejor de su obra periodística, con un conjunto de textos que hablan de ella y de su influencia en el que siempre consideró “el mejor oficio del mundo”.

En él se da cuenta de que la pasión del “Gabo” siempre fue fiel a la actividad periodística que desde su trinchera literaria también ejerció.

“Soy un periodista, fundamentalmente. Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista, aunque se vea poco. Pero esos libros tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad a los hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, pero el método de investigación y de manejo de la información y los hechos es de periodista”, declaró alguna vez para Radio Caracol.

Vale la pena quedarse además con la definición que de él hiciera la escritora Olga Behar, para quien el autor podía ser considerado “un patrimonio ético, literario y cultural de la humanidad, pero, sobre todo, un maestro para enseñar a cultivar las amistades”.

Ya lo decía el mexicano Carlos Fuentes, “una amistad como la suya, es para siempre”, tan imperecedera como la obra que ha legado.

Hallan planeta muy parecido a la Tierra a ‘sólo’ 490 años luz


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion/Con informacion: ABC

Los científicos que rastrean el cielo en busca de nuevos y prometedores mundos han hecho grandes progresos en su búsqueda, incluyendo algunos candidatos que se encuentran en la zona habitable de su estrella, la distancia adecuada como para albergar agua líquida en su superficie. Sin embargo, nunca habían dado con uno que, además de todo eso, fuera rocoso y del mismo tamaño de la Tierra. Ahora, por fin, un equipo internacional de astrónomos ha encontrado un planeta de esas características, que puede ser habitable. Llamado Kepler-186f, es el quinto y más externo de su sistema, situado a 490 años luz.

Kepler-186f y sus cuatro compañeros fueron descubiertos por la nave espacial Kepler de la NASA, lanzada en marzo de 2009, por el método de tránsito, que detecta posibles planetas cuando pasan por delante de su estrella y causan una muy pequeña pero periódica atenuación de su brillo. Los astrónomos explican en la revista Science que el nuevo candidato es ligeramente más grande que la Tierra -unos 1,1 radios terrestres-, aunque por el momento desconocen su masa. Creen que existen muchas posibilidades de que tenga una superficie rocosa en vez de una envoltura de hidrógeno y helio como un mundo gaseoso.

Los planetas rocosos como la Tierra, Marte y Venus ganaron sus atmósferas cuando gases volcánicos como el dióxido de carbono y el vapor de agua fueron liberados de su interior. Los que se encuentran en la zona habitable como nuestra bola azul orbitan a la distancia de su estrella en la cual el vapor de agua puede permanecer en estado líquido en la superficie. Los que son como Venus y orbitan un poco más cerca del Sol pierden su agua líquida y están cubiertos principalmente por dióxido de carbono. Los que como Marte orbitan más lejos del Sol que la Tierra, tienen el agua en forma de hielo.

Kepler-186f parece estar en órbita en el borde exterior de la zona habitable alrededor de su estrella, lo que podría significar que cualquier agua líquida estaría en peligro de congelación. «Sin embargo, también es un poco más grande que la Tierra, por lo que la esperanza es que esto dé lugar a una atmósfera más densa que proporcione un aislamiento adicional», explica Stephen Kane, de la Universidad Estatal de San Francisco y uno de los autores de la investigación. Esta circunstancia puede hacer que la superficie sea lo suficientemente caliente como para mantener el agua líquida.

«Algunas personas llaman a estos planetas habitables, pero por supuesto no tenemos ninguna idea de si lo son en realidad», matiza Kane. «Nosotros simplemente sabemos que están en la zona habitable, y ese es el mejor lugar para empezar a buscar planetas habitables».

Una estrella pequeña y fría

Aunque Kepler-186f muestra signos similares a la Tierra, Kane señala que sus diferencias también son fascinantes. Por ejemplo, la estrella alrededor de la que gira es «muy diferente de nuestro Sol». Kepler-186 es una estrella enana M, mucho más pequeña y fría que el astro rey. Estas estrellas son abundantes en nuestra galaxia y tienen algunas características que las hacen prometedores lugares para buscar vida. «Por ejemplo, las pequeñas estrellas viven mucho más tiempo que las más grandes -apunta Kane-, lo que significa que hay un período de tiempo mucho más largo para que se produzcan la evolución biológica y las reacciones bioquímicas en su superficie».

Sin embargo, las pequeñas estrellas tienden a ser más activas que las del tamaño de nuestro Sol, enviando más erupciones solares y potencialmente más radiación hacia la superficie de un planeta. «La diversidad de estos exoplanetas es una de las cosas más emocionantes», dice Kane. «Estamos tratando de comprender hasta qué punto es común nuestro Sistema Solar, y cuanto más diversidad vemos, más nos ayuda a entender cuál es en realidad la respuesta a esa pregunta».

En accidente vehicular en Puerto Rico, muere a los 78 años José ‘Cheo’ Feliciano


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion/Con informacion: Agencia AP

NUEVA YORK.- La leyenda de la salsa José ‘Cheo’ Feliciano murió en un accidente vehicular en Puerto Rico, informaron autoridades en el territorio estadunidense. Tenía 78 años.

El agente de la policía Israel Arroyo dijo en entrevista telefónica que el cantante puertorriqueño se encontraba solo en su Jaguar cuando chocó contra un poste alrededor de las 4 de la madrugada de hoy. El accidente ocurrió en el suburbio de Cupey, en el norte de la isla.

El cantante recientemente había sido tratado por cáncer y neumonía.

Feliciano era integrante de Fania All Stars y estableció su propia compañía productora en la década de 1980. También era un destacado promotor de la lucha contra las drogas después de que se volvió adicto a la heroína cuando vivía en Nueva York y luego regresó a Puerto Rico a rehabilitarse.

En 2008, el exalcalde neoyorquino Michael Bloomberg declaró el 20 de junio Día de Cheo Feliciano.

Le sobreviven su esposa Coco Feliciano y cuatro hijos.

Del creador de Instagram, nace Pornostagram para compartir fotos de sexo sin censura


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/Por: Redaccion/Agencias

CIUDAD DE MÉXICO, MX.- Pornostagram es una nueva aplicación que permite a los usuarios a filtrar y compartir fotos de desnudos de sí mismos.

getLa aplicación se basa en Instagram, que permite a los usuarios compartir fotos con filtros. Sin embargo, Instagram tiene una política estricta en contra de cualquier desnudo.

El creador de Instagram, Quentin Lechemia, decidió que quería crear una alternativa donde los adultos pudieran compartir sus fotos “sexy”. “Al principio, se trataba de la experiencia personal con mi novia”, dijo Lechemia al HuffPost.

Las redes sociales son un espejo de lo que hacemos a diario y el sexo está en todas partes. Más de 30% de las búsquedas en Internet están relacionados con el sexo y deberíamos ser capaces de compartir nuestras fotos de sexo, así, como se una foto de una pizza”, agregó.

El fundador mencionó que hay estrictas restricciones para evitar la explotación o la pornografía infantil.

No es la industria del porno. Son sólo personas normales que quieren compartir sexo. Eso es todo”, Lechemia concluyó.

Roban casi 1.5 mdp en alhajas y dinero en violento atraco en casa de ex líder sindical de taxistas en Cancún


STAFF:Matrix Noticias/RadioActivo3.0 HD/por: Redacción/Con informacion: Por Esto! de Quintana Roo

CANCÚN, MX.- Un cuantioso robo fue cometido la semana pasada en casa del ex secretario del Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo”, Manuel Pérez Mendoza.

El hecho trascendió hasta el día de ayer y según la información obtenida, fueron tres sujetos armados los que irrumpieron en la casa del líder sindical, ubicada en la Supermanzana 11.

En el domicilio se encontraban su hijo y un sobrino, quienes fueron encañonados por los ladrones, logrando llevarse una caja fuerte que contenía más de un millón de pesos en alhajas y diamantes; además de 300 mil pesos en efectivo.

Aun cuando las autoridades mantuvieron bajo total hermetismo un robo violento cometido la semana pasada, ayer el hecho trascendió de manera extraoficial.

De acuerdo con la información obtenida, el robo fue cometido en el domicilio del ex secretario del Sindicato de Taxistas “Andrés Quintana Roo”, Manuel Pérez Mendoza.

El domicilio se encuentra ubicado en la Supermanzana 11, manzana tres, sobre la calle Cozumel, marcado con el número 24.

El ex líder sindical presentó la denuncia correspondiente después de que ocurrieron los hechos el pasado jueves, iniciándose la averiguación previa 2144/2014 por el delito de robo.

En la denuncia quedó asentado que fueron cuatro sujetos armados los que llegaron hasta el domicilio del ex líder sindical y tres de ellos entraron a la casa, mientras que el otro se quedó esperándolos en un vehículo.

Adentro de la casa se encontraba el hijo de Pérez Mendoza junto con un sobrino. El hijo del ex líder sindical se encontraba bañando y su primo viendo televisión.

Cuando los tres sujetos armados entraron, encañonaron al sobrino de Pérez Mendoza, obligándolo a tirarse al piso para no salir lastimado.

Mientras tanto, el otro joven escuchó salió del baño al escuchar los ruidos y fue entonces cuando fue sorprendido por los empistolados, quienes también lo sometieron con las armas que llevaban.

Una vez controlados los dos ocupantes de la casa, los ladrones se dieron a la tarea de buscar la caja fuerte, llevándosela así cerrada para después darse a la fuga; no sin antes amenazar a sus dos víctimas de no hacer nada o saldrían lastimados.

Manuel Pérez Mendoza declaró que en la caja fuerte que se llevaron los ladrones guardaba alhajas y diamantes, con un valor de más de un millón de pesos; además de 300 mil pesos en efectivo.

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